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miércoles, 21 de enero de 2015

Isabella

Isabella, ese día caluroso decidió ir a remojarse al pequeño lago que estaba junto al rancho de su prometido, aprovechando que este había salido a realizar compras al pueblo. Solo tomo una toalla, un libro y una manta para tenderse a leer recetas de cocina.
Al llegar al pequeño lago rodeado de verde y arboles, se recargo en una gran piedra y suspiró, el lugar era increíblemente relajante; invitaba a la paz y a la meditación.
Dejo caer la manta y la toalla, cerro sus ojos y lentamente fue bajando su pequeño shorts dejando ver solo un pequeño boxer que ajustaba coquetamente su figura, mientras con una mano desabrochaba lentamente los botones de su ligera blusa blanca y transparente.
Click !! Ese sonido la despertó de su inspirado goce. 
Hola!! Me llamo Phillips, -exclamé con voz ronca pero amigable- y soy fotógrafo !!
Isabella que no daba crédito a lo que sucedía, no se percataba de que estaba casi casi desnuda ante un desconocido, tome la toalla del suelo para cubrirla, fue entonces que ella reacciono cubriendo su cuerpo, lo curioso es que no hablaba, solo estaba en estado de shock ... sonreí y le dije - disculpa mi atrevimiento, tengo horas aquí tratando de capturar la imagen de un ave rara, dicen que solo aparece cada 10 años por estas épocas en este lago, y fue cuando te vi; me pareció fantástica tu hermosura, el momento en que te desposeías de la ropa y mira, yo ... perdona no era mi intención asustarte.
Isabella atónita por mi desfachatez y mi cinismo aun no podía reaccionar con prontitud, pero su corazón latía a dos mil por hora, ni ella misma sabía si era por el susto, coraje o excitación. Poco a poco fue recobrando su estado natural mientras me escuchaba a duras penas; me veía y no podía creer como es que yo actuaba de manera amigable y cortes, mi forma de expresarme y mi elocuencia hicieron que desapareciera la desconfianza en ella.
Espera - dijo Issa (silencio) respiró profundamente, dejo caer la toalla por sus hombros y solamente se encamino al agua, su cuerpo casi perfecto cubierto solo por la blusa y su bóxer blanco parecía ser acariciado por el lago azul. 
Inmediatamente reaccioné y comencé a capturar la bella escena, el cuerpo de Issa parecía brillar ... su cara se transformo con una sonrisa cuando descubrió el nerviosismo que había en mi, no dejaba de disparar con mi cámara ... Ella comenzaba a disfrutar la sensación de sentirse observada y fotografiada, de pronto todo el ambiente pareció enmudecer ... Isa completamente irreconocible camino directamente hacia mi, Su caminar era lento como el de una leona al acecho, el único sonido era el de su palpitante corazón ... 
A dos metros de se detuvo, su respiración ya era agitada, sus pechos se dejaban ver a través de la traslucida blusa mojada; estaba completamente disponible.
Baje la cámara y de dos pasos llegue a la cintura de Issa, tome su cara con sutileza y mi mano izquierda fue bajando poco a poco de la cara a su pecho, no hubo necesidad de palabras, nuestras bocas se encontraron en un beso lento y apasionado.
Los cuerpos se acoplaron de manera casi perfecta en un abrazo y nuestras bocas hablaban el idioma del deseo. Issa lentamente se separo de mi y fue caminando hacia la gran roca mientras dejaba caer la blusa, al llegar no alcanzo a voltear pues yo ya la había rodeado por atrás con mis brazos, subí mis manos hasta sus pechos y los apreté con delicadeza, ella solo gimió y sintió un miembro erecto al retorcer su cuerpo hacia atrás.
Mi mano diestra bajo hasta llegar a la parte húmeda y mojada de Isa quien de inmediato hizo un tonto y ligero intento por zafarse, pero ella misma tomo la mano y la condujo al lugar sagrado al mismo tiempo que su ropa intima caía.
No había tiempo para protestas, inmediatamente isa se volteo, su cuerpo completamente desnudo y mojado temblaba en pleno verano. Yo la besaba, la miraba, la tocaba ... isa se dejaba y con sus manos temblorosas bajo el pantalón , nerviosamente metió la mano a un bulto loco por salir y lo acaricio, al sacarlo ambos suspiramos, tome con mi boca los pechos de issa al mismo tiempo que una de mis manos introducía con lentitud y suavidad un dedo, dos dedos a su cavidad húmeda, Issa solo alcanzo a exclamar algo muy parecido a un aaay!!
Fueron unos mordiscos leves a su pezón los que hicieron que se encendiera aun mas, la recargue en la roca, que sirvió de cama y de silla, mis besos dejaron de volverla loca en sus pechos, y baje lentamente a su cintura, mi lengua acaricio su ombligo y baje un poco mas mordisqueando un poco menos.
Que haces? -balbuceo
La medio acosté y bese sus piernas por dentro, fui llegando poco a poco al lugar sagrado, ella respiraba mas aprisa y con dificultad ... 
Fue un grito ahogado lo que escuche cuando mi boca rozo la entrada, mi lengua llego y toco la puerta del placer, entro con autoridad y degustaba, probé sus labios vaginales, probé el jugo del deseo de su cuerpo, y ella exclamaba, gritaba, aullaba y retorcía con vehemencia su cuerpo, sus caderas me invitaban a que me quedara.
Después de un buen momento de gozo oral, la acomode, era el tiempo justo para hacerla mía, abrí con ternura sus piernas y sin piedad, de un solo golpe entre en su cuerpo,no de forma brusca pero si firme, muy firme. Que maravilloso su cuerpo, lentamente entraba y salia, que placer sentir su calor vaginal, lo bien recibido que era ... ella comenzó a pedir que no me detuviera, fuerte ... rápidoo ...despaciooo ... asiii ... ahhhhhhhhhhhhh!!! Mi erección se hacia mas firme, mas grande, que delicia su olor, su cuerpo, sus besos.
De pronto me vi ya debajo de ella, ella cabalgaba a su ritmo y yo ...yo solo besaba el lunar de su pecho, mordía despacio sus pezones y ella aprobaba diciendo, -asíiiii!!!
La levante, la recargue de frente a la roca, le subí un poco una pierna y lo siguiente fue inmemorable, entre a su cuerpo despacio, muy despacio por atrás ...Issa apretó sus manos y gimió, cada vez que penetraba lentamente ella gemía, sentí sus jugos salir mientras ella gemía y sonreía. Se quedo quieta por un instante, me miro y tomo mi erección, sus besos eran inocentes hasta que su lengua recorrió todo mi tronco hasta llegar a mis ... su boca se apodero de toda mi masculinidad, y no paro hasta que llego el momento explosivo de mi ser, su cuerpo fue bañado nuevamente y esta vez no por el agua del lago ... Quedamos por fin quietos los dos en silencio y como testigo fiel, un ave que rara veces se le ve en estas épocas, dicen que tiene el poder de unir a las almas gemelas,
Dicen que solo una vez cada temporada.
Luis Nova

domingo, 13 de diciembre de 2009

Tienes el control

Contoneándome, acercándome a ti sin que puedas hacer nada.
Te mueves hacia mi...yo me alejo. Y así, poco a poco, mientras nuestras miradas se cruzan por la habitación.
Ahora me toca a mí acercarme. Te sorprendes... Qué voy a hacerte? Te sonrío, me muerdo los labios mientras mi mirada recorre tu cuerpo. Dejas que tenga el control, sabes que eres más fuerte que yo, me dejas jugar.
Estas de pie, sin hacer nada, solo mirándome, a la espera de que yo actúe.
Me voy acercando, y mientras rodeo tu cuerpo mis manos acarician tus brazos, un simple roce. Me sitúo delante de ti y te doy un suave empujón hasta que caes sentado en la cama. Dejas que siga, que juegue contigo.
Te empujo y quedas tumbado. Sonríes, te gusta ver como disfruto.
Te susurro...Hoy me toca a mí.
Y saco dos pañuelos de dentro de mi escote. Despacito, para que veas de donde salen. De rodillas sobre la cama me coloco sobre ti y cojo una de tus manos.
¿Estas segura? me dices. Sonrío. Sí, estoy segura.
Una vez atada cojo tu otra mano y hago lo mismo.
Me extraña verte sonriendo. Me excita verte así.
Voy a jugar contigo, voy a tocar, lamer, morder...todo lo que quiera y no podrás detenerme. Te susurro en el oído, flojito, apenas has oído mis palabras.
Tú simplemente sonríes. Me preocupa esa sonrisa, pero sigo. Me voy excitando por momentos mientras mi mente, más rápida que mis manos, se imagina lo que va a pasar.
Te desabrocho la camisa despacito. Sé que no podre quitártela al estar atado, pero así es como te quiero, medio vestido para mí. Quiero ver cómo te retuerces, como gimes, como gritas que me deseas y que te suelte.
Mis manos van desabrochando poco a poco, botón a botón, sin prisas. Cada trocito de piel que queda al descubierto mis labios lo acaricia, lo lamen.
Mis manos han llegado a la hebilla del pantalón...desabrochan y, poco a poco, como todo lo que hago...te lo quito, bajando por tus piernas. Fuera. Tus calzoncillos y calcetines recorren el mismo camino. Todo está en el suelo.
Sonrío mientras te miro. No sé por dónde empezar.
Camino de rodillas por la cama, como una gatita. Voy rozándote por allá donde paso. Mis manos acarician todo tu cuerpo, de arriba a abajo.
Me acerco a tu cara. Mis labios acarician tus mejillas, dejan suaves besitos húmedos en ella. Giras la cara para besar mis labios, me aparto riendo.
Mis labios recorren tu cuello despacito. Me siento sobre tu cintura, con las piernas una a cada lado de tu cuerpo. Me subo la faldita para que veas mis braguitas, las cuales ya están un poco húmedas. Me agacho un poco para masajearte los hombros, el pecho. Me agacho un poco más para ir dándote besitos por allí donde pasan mis manos. Noto una cosita que crece debajo de mí.
Me aparto para que mis manos sigan moviéndose por tu cuerpo. Ahora ya están en las caderas. Vaya! sí, ha crecido!. Te miro y sonrío. Tú sonríes también. Estoy sorprendida de tu aguante, pero... ya caerás, te susurro.
Mis manos van acariciando tus piernas, despacito, mientras mis labios las recorren... Besitos en el muslo. Besitos en las rodillas. Besitos en los pies. Y vuelvo a subir. Besitos en las piernas. Besitos a un lado de las rodillas. Besitos en el interior de los muslos y..ohhh. Has crecido un poco más. Voy a probarte. Y mi boca no puede esperar. La lengua recorre ese pene ya duro. Mis manos lo sujetan para que pueda lamerlo con fuerza. Es como un helado. Mi lengua te recorre. En un momento determinado te miro a los ojos... Si. Me muevo para situarme sobre ti, al revés, de cuatro patas sobre tu cuerpo, con mi conchita cerca de tu boca, formando un 69. Me subo la faldita, pero no me quito las braguitas.
Tienes las manos atadas, pero dejo que tu boca me acaricie. Mmm...que placer!!!
Sigo chupando, desde tu puntita hasta esos huevos que masajeo con mis manos mientras me remuevo sobre tu boca.
Estoy temblando. Quiero más.
Me levanto. Estoy de pie ante ti. Un pie a cada lado de tus caderas. despacito me bajo las braguitas. Mirándote. Después me agacho, siempre mirándote a los ojos. Mis manos dirigen ese miembro duro hacia mi cueva. Voy contoneándome sobre ti. Arriba y abajo. En círculos...
Me desabrocho la blusa, saco mis pechos del sostén y me los acaricio mientras te miro. Mientras voy moviéndome. Estoy gimiendo de placer.
Me doy la vuelta, me pongo de espaldas a ti. Me subo la falda mientras me agacho hacia tus pies y sigo moviéndome. Puedes ver perfectamente como entras en mí. Sigo metiéndote y sacando. Me muevo. Siento tu dureza en mi interior.
Vuelvo a girarme sobre ti. Estamos cara a cara. Me voy descontrolando. Me muevo más y más.
Mi boca se acerca a la tuya y te beso con pasión. Nuestras lenguas bailan como nuestros sexos.
Estoy desesperada. Te necesito y mis manos van hacia las tuyas para desatarte.
Sonríes. Lo sabías. Ahora tienes el control.

Saphira
En Femenino

martes, 17 de noviembre de 2009

Romanza para dos Diosas Griegas

Encontré en la red este maravilloso escrito. De una u otra forma me sentí identificada no sólo por mi nombre.
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Romanza para dos Diosas Griegas
por Charles Champ d'Hiers

Venus emergiendo de las aguas
Venus gloriosa, todo mármol y fina caoba, emergiendo de la profundidad absoluta de su bañera. Venus volviendo a la vida mientras todos los demás duermen. Fuente de piedra viva y latente engastada por mil perlas de agua renuente a abandonar su anatomía. Lagrimas de rocío que lamen cada poro de tu piel antes de separarse, divina, de ti.

Venus frente al espejo.

Venus decidida. Sabe lo que quiere hacer, pero tiembla pensando en ello.

¿Por qué Venus?. ¿Acaso no eres feliz?. ¿Acaso no tienes todo lo que podrías desear?.

No. No contestes. No pienses siquiera. Solo ira al espejo. Solo mírate al espejo.

Mira tu blanco cuerpo. Mira tus finos tobillos, tus largas y suaves piernas, tus caderas, tu cintura, tus firmes pechos, tus pequeños pezones, tu dulce anatomía tallada semana tras semana insumisa a pagar el impuesto que la maternidad se debía haber cobrado sobre ella, tributaria fiel a los deseos de tu esposo. Mira tu cara, mírala enmarcada entre tus rojos cabellos mojados, mira tus verdes ojos, tu fina nariz, tus sabrosos y sensuales labios rojos, mira tus finos pómulos. Mírate. Mírate y dime si aún no es belleza lo único que refleja tu espejo.

Venus gloriosa.

Una fina camisa de lino blanca, una falda que oculte lo justo para no ocultar nada, ceñida, pegada. Una chaqueta larga, capa de pudor para ser quitada cuando quieras entrar a matar. Nada más. Para lo que te propones, más sería demasiado.

Venus madre, Venus amante.

Sus respiraciones sincronizadas retumban en tu mente como los gritos de cien conciencias. Pero no puedes detenerte. No ahora. Un beso a cada uno. Un beso de amor de madre.

Su profunda respiración, confiada, tranquila aún es más dura de soportar.

¿Por qué, Venus?. No escuches. Bésale. Bésale y sal.

Venus Diana

Venus es Diana, la caza te espera.

La noche se retira. ¿Acaso tiene miedo de ver lo que va a suceder?. No importa. Nada importa. Solo tú.

Las calles vacías parecen ser despertadas por el sonido de tus tacones.

Tus tacones anunciando el domingo, la mañana, el nuevo día. Tus tacones, banda sonora de tu perdición.

Diana cazadora.

Madrid despierta a los píes de su héroe de Cascorro. Una cuerda a la cintura, una lata de gasolina y un fusil, poco equipaje para viajar al otro mundo. Claro que menos llevas tú. ¿Ya has fijado tus verdes ojos en alguna víctima, cazadora insaciable?. Mira, calcula, saborea cada imagen que a tus esmeraldas llega.

Tensa el arco cargado de dulce hiel, apunta a la víctima escogida y dispara. Una sonrisa. Un segundo. ¡Ya está!.

Camina entre la gente que comienza a agolparse frente a los tenderetes, él te sigue. Gira por esta esquina. ¿Has podido ver si te sigue?. Sí, te sigue.

No disimula, sabe lo que quiere.

Corre calle arriba, acelera el paso. Este portal está bien, entra. Entra y espera.

Ya llega, ya suenan sus pasos. Duda. Mira. Entra.

Diana caníbal.

Míralo. No es mal premio. Alto, moreno, de talle elegante y viril. Gitano, moruno, madrileño como pocos quedan ya.

Carga de nuevo el arco, lanza tu tiro de gracia a bocajarro sobre su ancho pecho. Deja caer tu chaqueta sobre tus pies, deja que sea tu cuerpo lo único que ilumine las penumbras de ese portal. Mira sus ojos sedientos. Ha caído.

Un paso hacia él, un dedo sobre su boca, que no diga nada. Es tuyo.

Y tu dedo se posó sobre sus cálidos labios, y él comprendió. Comprendió y calló. Calló y comenzó a lamer tu dedo, a besarlo, a acariciarlo con sus labios y la punta de su lengua mientras tú olvidabas quien eres, que eres.

Diana puro fuego. Diana entregada al placer de otro. Sus manos pasando por tu cintura y atrayéndote a su duro cuerpo. Empujándote hacia él. Y tus senos contra su pecho, y tus pezones cada vez más duros, y sus manos acariciando tus nalgas mientras su boca comienza a explorar la tuya.

Cierras los ojos y sientes. Sientes como su lengua se mete en tu boca, como su aliento se funde con el tuyo. Sus manos entre tus manos entre tus muslos ya.

Te separas un poco de su cara y comienzas a dejarte caer lentamente hacia el frío suelo hasta que lo notas bajo tus rodillas. Frente a su cintura tu boca, frente a su pene una cremallera que parece fundirse entre tus manos.

Quema cuando entre en tu boca. Esta dura, viva, palpitante entre tus labios.

Mientras sus dedos acarician tu pelo y sus jadeos tus oídos.

Quiere parar, pero tú no. Te aferras a su culo, agarrándolo con fuerza mientras aprietas con suavidad con tus labios para alcanzar antes lo que te has propuesto.

Un jadeo anuncia lo que tu boca ya ha sentido inundada en su calor. Bebes con placer el fruto de tu maldad. Sus dedos se erizan entre tus pelos mientras él se vacía en ti.

No le miras mientras te levantas, tan solo te das la vuelta sobre tus tobillos, fijas tus manos en la barandilla de la escalera y abres lo justo las piernas como para saber que el sabrá lo que te propones.

Sus dedos suben tu falda hacia la cintura dejando libre el camino. A ellos les sigue su lengua, abriendo tu naturaleza a su paladar. El fuego llega desde tu clítoris a todo tu ser. Agua y fuego se mezclan en cada poro de tu cuerpo mientras los espasmos de tu primer y repentino orgasmo os sorprenden a los dos.

A su lengua le sigue su pene, duro de nuevo, que penetra dentro de ti como una piedra al rojo vivo, haciéndote sentir un placer inmoral.

No duran mucho sus envites, ni tú ni él los necesitáis para sentir como vuestros cuerpos se hacen uno solo. El placer no se puede medir, tan solo vuestros jadeos os indican que el éxtasis del otro no es menor que el vuestro.

Luego la calma y el silencio. Sientes como sale de ti. Sientes como se aleja de ti, dejándote sola, inmóvil, degustando, libando cada sensación de placer que aún golpea tu ser.

Te arreglas.

Sales.

Vuelves a casa.

Diana saciada.

Venus saciada.

Charles Champ d'Hiers

sábado, 13 de junio de 2009

Bajo la Lluvia

Recuerdo aquella noche, era fría y oscura. Un pequeño espectro redondo resplandecía tras una enorme nube que cubría con su sombra la mayor parte del parque. Pequeñas gotas de agua comenzaban a caer mientras corría. Antiguos faroles que alumbraban tenuemente los caminos me guiaron hacia el centro del parque donde topé con una banca. Él estaba allí sentado, tan vulnerable, tan increíblemente humano. Su cabello oscuro, su piel tersa y blanca, sus manos entrelazadas y su cuerpo inclinado sobre ellas casi gritando al mundo ese enorme sentimiento de impotencia que parecía llevar por dentro.

Poco a poco, las gotas de agua que traía la lluvia comenzaron a resbalar por su cabello como pequeñas lágrimas que mostraban el desvanecimiento de su alma en miles de pequeñas partes que se derramaban sobre el mundo, y a la vez como diminutas caricias enviadas por Dios para sosegarlo. Caían lentamente resbalando por su cuello y entrando por su espalda, escondida a mis ojos por una camisa blanca que paulatinamente se empapaba por la lluvia. Ínfimos trozos de cielo caían lentamente rozando sus labios y posándose en su pecho, donde deberían encontrarse mis labios sumidos en su ser. Odiosas gotas de agua que resbalaban desdeñosamente por su cuerpo, comenzando desde su cabeza, deslizándose lentamente por su frente, su nariz, sus labios, su mentón, hasta que obligadas por su destino caían rendidas por el éxtasis hasta el suelo. Infames trozos de cielo que han logrado poseer mi más anhelado tesoro.

Gradualmente su camisa se volvió traslucida, como si quisiera descubrir su fuerte y varonil torso, sólo para mí. Sin darme cuenta he llegado hasta él. Cuánto deseo perderme en sus fornidos y protectores brazos, que me apretase tan fuerte y me acercara a su pecho desnudo, tibio y suave, que a la vez es tan fuerte que podría evitar que el inminente castigo de Dios cayera sobre mí, por desear los labios y el calor del fuerte pecho de un hombre que no es mío.

De pronto, él se percata de mi presencia y levanta su rostro sobrecogido al ver que aparte de su pequeño e íntimo mundo hay otro más. Sus ojos, sus tristes ojos oscuros logran desnudar mi alma y hechizar mi mente, alborotando hasta las más ínfimas pasiones irracionales que hay en mí.

Repentinamente siento cómo sus manos se acercan a mis muslos. Mi cuerpo comienza a agitarse. La lejana cercanía de sus manos esparce por mi cuerpo el calor febril de la sensualidad. Siento como si el tiempo se detuviera. Su cuerpo comienza a erguirse, uniéndolo lentamente con el mío, acercando su rostro al mío. Sus manos dibujan mis caderas hasta llegar a la cintura, dándole forma a mi cuerpo como si Dios mismo moldeara arcilla con sus manos. Me invade el calor; dos energías encontradas, intentando no sucumbir ante el frío de la lluvia.

Su mano derecha sigue subiendo hasta tomar mi mano, indiferente y tensa, no por falta de ternura, sino por un terrible pánico que me obliga a inmovilizarme. Mi anhelo convertido en realidad, yo ante él, mi cuerpo ante su cuerpo y mis fuerzas se han perdido y no me permiten mover ni un solo músculo para acercarme al ser que tanto he codiciado. Yo, estúpidamente inmóvil mientras que él ambiciona asir mi mano. Su roce es como mil truenos cayendo sobre mi vientre, mi corazón palpita tan rápidamente que pronto estallará, como las calderas de un barco a las que incesantemente han arrojado más y más carbón. Él desliza sus tibios aunque húmedos dedos por los míos hasta lograr sujetar mi mano, entre tanto un impulso sobrenatural me permite encontrar su mano con la mía para sujetarla.

Entonces comienza a subir su otra mano hacia mi rostro mientras logro observar la tímida forma en la que encoge su brazo y lo levanta para alcanzarme. Tan pronto siento su mano sobre mí, instintivamente mis párpados cubren mis ojos permitiendo que cada trozo de mi cuerpo logre sentir el calor que emana de su ser. La lluvia cae mientras él acerca su rostro al mío. Siento cómo su cabeza se inclina levemente para acoplarse con la mía, sus labios tibios y suaves, como exquisitos melocotones, excitan cada una de las fibras de mi cuerpo, volviendo locos mis sentidos. En ese momento, su tibio roce se convierte en un leve movimiento y siento como si nuestros cuerpos fuesen lo único existente en el universo. Una explosión de energía me permite levantar mis brazos para aferrarlo. Tomo su cuello y lo aproximo hacia mí para que nunca se aleje, al mismo tiempo que sus fuertes brazos me acercan a él, aprisionándome, como si deseara que nuestros cuerpos se convirtieran en uno solo.

Las diminutas gotas de agua resbalan por nuestros rostros, mientras que en un acto sutil y delicado realiza con su lengua un sensual viaje por mis labios, mi paladar y el resto de mi boca. Un roce que estimula cada célula de mi ser, rodeándome de una sensación cálida que hace vibrar mi corazón al unísono con el suyo, en un viaje que no sólo experimenta nuestro cuerpo, sino también nuestra alma. Una búsqueda incesante de una pieza faltante en nuestro ser que se complementa durante algunos segundos. Un instante en el que somos sólo uno y que termina tan sutilmente como comenzó. Se dan algunos intentos por asir de nuevo la boca del otro, en un esfuerzo desesperado de que nunca termine, pero surge una imperiosa necesidad de observar los ojos de aquel otro ser.

Él separa sus labios de los míos, mientras cada fragmento de mi realidad trata desesperadamente de regresar a su estado habitual. Se aleja muy lánguidamente, mientras mis párpados se esfuerzan por controlar su éxtasis. Pronto descubro sus ojos, que se encuentran fijamente con los míos, esos ojos que me desarman, que me hacen completamente suya y me permiten entrar en su interior para descubrir que en parte también es mío. Me permite ver que es tan vulnerable.

Tiemblo, sin estar segura si la razón es la cercanía de su cuerpo o el frío que trae consigo la lluvia. Mi mente comienza a divagar ¿Por qué lo hizo? ¿Me ama? ¿Lo disfrutó? De repente, él se acerca de nuevo a mi, cubriendo mis hombros con su brazo y acercándome a su pecho. Te amo -susurra a mi oído- mientras caminamos en el parque guiados por los antiguos faroles. Su voz me permite ver que lo único que deseo en este momento es sentir nudos en mi garganta y una locomotora en lugar de corazón ¡sólo por estar con él! Es maravilloso que el simple hecho de que una persona exista sea suficiente para extasiar a otro ser de tal manera. Sólo me pregunto si es un sueño, aún así, no importa: esta noche caminan por el parque tomados de la mano y bajo la lluvia, JL y la mujer que ama.